Seguramente les habrá pasado ir a trabajar al espacio en el que se encuentran las máquinas entregadas por PROMSE -- frecuentemente en el laboratorio de informática-- y encontrarse que no tienen habilitado ni el audio ni la imagen. Al consultar sobre el motivo de esta situación (dado que en la mayoría de los casos las máquinas están expresamente equipadas para ello), la respuesta suele ser la siguiente:
-Es que los chicos escuchan música y miran videos en you tube.La pregunta es: ¿ qué pasaría en el aula de clase con el mismo razonamiento si los chicos dibujan en las carpetas mientras el profesor explica, o si se escriben mensajes entre los alumnos? ¿Sacamos las carpetas del aula?
La metáfora parece forzada, pero no lo es.
Del mismo modo que en el aula de clase es la propuesta didáctica la que mantiene el interés de los alumnos (o no) ; en el espacio en el que los alumnos se encuentran en su entorno más familiar --es decir, rodeados de máquinas-- debemos ser los profesores quienes planteemos una actividad que atraiga el interés de los alumnos y que no provoque una dispersión masiva.
El cambio de escenario lo que hace es poner de manifiesto algo que el el aula pasa más desapercibido.
Y también es una invitación para nosotros --los docentes-- para recordar que la escuela sigue siendo el espacio privilegiado en donde
aprender no sólo contenidos, sino en este caso
pautas . Del uso de las máquinas, del laboratorio, del sentido de lo público. Es una buena oportunidad para hablar con los alumnos sobre el respeto por los espacios compartidos, los derechos y las obligaciones.
Y también es una oportunidad para asociarse con el responsable del laboratorio y compartir decisiones que nos hagan partícipes del espacio y liberen de la carga ( y del poder) que encierra ser el "responsable" de las máquinas.
Porque tiene que ser posible (re) pensar la escuela como un lugar para
hacer,
experimentar, despertar la
curiosidad algo olvidada y propiciar un espacio de pertenencia en el que se encuentren explicaciones, reglas, consenso y no en el que ante la primera dificultad la respuesta sea la prohibición.
Pensemos también en que la escuela es el lugar --a veces el único--en el que los chicos pueden acortar realmente brechas con otros pares que pertenecen a sectores más favorecidos y busquemos juntos estrategias para transformanos en
facilitadores del aprendizaje y no censores compulsivos.